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Evangelio del día: ¡Mantente alerta! no sabes el día en que vendrá el Señor

Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día ni a que hora vendrá su Señor.

Evangelio según San Mateo 24,42-51

Mantenerse alerta, no sabes cuando vendrá tu Señor: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Velen y estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada. ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: “Mi señor tardará”, y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

La esperanza cristiana no es sólo un deseo, un auspicio, no es optimismo: para un cristiano, la esperanza es espera, espera ferviente, apasionada por el cumplimiento último y definitivo de un misterio, el misterio del amor de Dios en el que hemos renacido y en el que ya vivimos. Y es espera de alguien que está por llegar: es Cristo el Señor que se acerca siempre más a nosotros, día tras día, y que viene a introducirnos finalmente en la plenitud de su comunión y de su paz.

La Iglesia tiene entonces la tarea de mantener encendida y claramente visible la lámpara de la esperanza, para que pueda seguir brillando como un signo seguro de salvación y pueda iluminar a toda la humanidad el sendero que lleva al encuentro con el rostro misericordioso de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, esto es entonces lo que esperamos: ¡que Jesús regrese! ¡La Iglesia esposa espera a su esposo! Debemos preguntarnos, sin embargo, con gran sinceridad, ¿somos testigos realmente luminosos y creíbles de esta espera, de esta esperanza? ¿Nuestras comunidades viven aún en el signo de la presencia del Señor Jesús y en la espera ardiente de su venida, o aparecen cansadas, entorpecidas, bajo el peso de la fatiga y la resignación? ¿Corremos también nosotros el riesgo de agotar el aceite de la fe, de la alegría? ¡Estemos atentos!

Invoquemos a la Virgen María, Madre de la esperanza y reina del cielo, para que siempre nos mantenga en una actitud de escucha y de espera, para poder ser ya traspasados por el amor de Cristo y un día ser parte de la alegría sin fin, en la plena comunión de Dios.

Y no se olviden: jamás olvidar que así estaremos siempre con el Señor. ¿Lo repetimos otras tres veces? Y así, estaremos siempre con el Señor, y así, estaremos siempre con el Señor, y así, estaremos siempre con el Señor. ¡Gracias. (Audiencia general, 15 de octubre de 2014)

Diálogo con Jesús

Mi Señor, cada día te doy gracias porque con tu poder y tu fuerzas estimulas a mi corazón para mantener siempre ardiendo la llama de la esperanza y sentirme protegido con tu amor inconmensurable. Quiero permanecer siempre en vela por mis acciones, que estén orientadas a tu amor y hacia el prójimo. Quiero trabajar continuamente por mi salvación para que, cuando vuelvas, encuentres en mí un discípulo generoso y lleno de Ti. Líbrame de la vanidad y la soberbia y todo tipo de orgullo y malas inclinaciones que puedan entorpecerme el camino, pues todo esto me lleva a dar tumbos por la vida, perdiendo la luz de tu estrella. Dios mío, mi deseo es permanecer siempre en tu gracia, haciendo el bien por dondequiera que vaya y venciendo las tentaciones del maligno enemigo con los divinos sacramentos que me has dejado en tu amada Iglesia. Ayúdame a estar en una completa vigilancia de mi ser, pues no es cualquier cosa la que está en juego, es mi alma, un alma que creaste pura y que se ha ido manchando por mis pecados, por mi falta de amor y dureza de mi corazón. Que mi corazón pueda ser vasija viviente del Espíritu Santo que me da consuelo y alivio en mis tribulaciones. Por eso, líbrame del deseo de buscar senderos fáciles que me separan de Ti: fama, fortuna, belleza superficial, lujos, vanidades. Que torpeza la mía cuando caigo en las mundanidades. Por ello, confío en tu guía, en que me has entregado a un ángel que cuida de mí y me fortalece. Invoca tu auxilio divino, para que me des la gracia de mantenerme unido a Ti a través de ese hilo invisible de tu amor, de tu humildad y tu compasión. Amén

Propósito para hoy:

Hoy, sacrificaré mi almuerzo o cena, pidiendo por tantas familias necesitadas que se irán a la cama sin comer por no contar con lo básico para sus comidas.

Reflexionemos juntos esta frase:

“Recemos por los cristianos que son perseguidos, para que sepan vencer el mal con el bien” (Papa Francisco)

Evangelio del día: Seguir a Dios con el corazón para saber comunicarlo

Verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Evangelio según San Juan 1,45-51

El primer encuentro de Jesús con Bartolomé apostól: “En aquel tiempo Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret”. Natanael le preguntó: “¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?” “Ven y verás”, le dijo Felipe. Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: “Este es un verdadero israelita, en quien no hay engaño”. “¿De dónde me conoces?”, le preguntó Natanael. Jesús le respondió: “Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”. Natanael le respondió: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. Jesús continuó: “Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía”. Y agregó: “Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer? Si no sentimos el intenso deseo de comunicarlo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos.

Nos hace falta clamar cada día, pedir su gracia para que nos abra el corazón frío y sacuda nuestra vida tibia y superficial. Puestos ante Él con el corazón abierto, dejando que Él nos contemple, reconocemos esa mirada de amor que descubrió Natanael el día que Jesús se hizo presente y le dijo: «Cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,48).

¡Qué dulce es estar frente a un crucifijo, o de rodillas delante del Santísimo, y simplemente ser ante sus ojos! ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva! Entonces, lo que ocurre es que, en definitiva, «lo que hemos visto y oído es lo que anunciamos» (1 Jn 1,3).

La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez. Para eso urge recobrar un espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás

Unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que Él ama. En definitiva, lo que buscamos es la gloria del Padre; vivimos y actuamos «para alabanza de la gloria de su gracia» (Ef 1,6). Si queremos entregarnos a fondo y con constancia, tenemos que ir más allá de cualquier otra motivación. Éste es el móvil definitivo, el más profundo, el más grande, la razón y el sentido final de todo lo demás. (Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, #264 y 267 – 24 de noviembre de 2013)

Diálogo con Jesús

Señor mío, me presento ante ti como un discípulo enamorado de tu Palabra que quiere darte a conocer al resto del mundo. Agradezco tu presencia porque ella me ha enseñado las bondades de la vida. Quiero tener una relación más intensa contigo, una relación llena de amor, esperanza y caridad. Aparta de mí toda duda y todo dolor que tenga la posibilidad de arrebatarme la felicidad que me he encontrado en Ti. Ven y manifiéstate con fuerza y con todo tu poder sobre mí. Que se abra mi corazón y que me muestre que eres Tú el único que puede llenar todos mis vacíos y angustias y hacerme capaz de salir victorioso en las pruebas. Tú no desprecias a nadie, incluso, a los que te intentan ofender, le respondes con elogios, ese es tu mejor estilo, el amor y la exaltación por delante, siempre devolviendo el bien. Quiero dejarme transformar por tu gracia, ser dócil a tus inspiraciones y moverme según tu voluntad. Ven y sáname de rencores, de temores y sobre todo del mal pensamiento que me inclina siempre a pensar lo peor del otro. Quiero seguir tus huellas, actuar bajo el amparo de tu sombra poderosa, confiando en tu promesa que todos veremos cosas mayores, el mismo Cielo abierto, si de verdad creemos. Ven y abre mi entendimiento para tener la sabiduría de saber cómo hablar de Ti en todos los ámbitos de mi vida y obrar de acuerdo a tus enseñanzas. Quiero estar listo cuando me llames a tu presencia y poder escuchar el mismo halago que le regalaste a Natanael: “Este es un verdadero «Hijo de Dios», en quien no hay engaño” Amén

Propósito para hoy:

Hoy, en un momento de descanso, me llevaré la Biblia y leeré el capítulo 16 del Libro de Proverbios, una gran reflexión encontrarás allí

Reflexionemos juntos esta frase:

“¿Cómo ser felices en el matrimonio? Unidos en el Señor, que hace siempre nuevo el amor y más fuerte que ninguna dificultad”. (Papa Francisco)

El que no ora es un soberbio, es un orgulloso, es un seguro de sí mismo. No es humilde

Evangelio del día: La oración es la llave que abre la puerta a la fe.

Evangelio según San Mateo 23,13-22

Ni entran ni dejan pasar: “En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les cierran a los hombres el Reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren entrar. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un adepto y, cuando lo consiguen, lo hacen todavía más digno de condenación que ustedes mismos! ¡Ay de ustedes, guías ciegos, que enseñan que jurar por el templo no obliga, pero que jurar por el oro del templo, sí obliga! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo, que santifica al oro? También enseñan ustedes que jurar por el altar no obliga, pero que jurar por la ofrenda que está sobre él, sí obliga. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar, que santifica a la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el templo, jura por él y por aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

¡Ay de ustedes, maestros de la ley, que han suprimido la llave del conocimiento! Cuando vamos por la calle y nos encontramos delante de una iglesia cerrada, sentimos algo extraño, porque una iglesia cerrada no se entiende. A veces, se nos dan explicaciones que no son tales: son pretextos, son justificaciones, pero la realidad es que la iglesia está cerrada y la gente que pasa por delante no puede entrar. Y, peor aún, el Señor que está dentro no puede salir.

Esta imagen de la clausura es la imagen de aquellos cristianos que tienen la llave, pero se la llevan, no abren la puerta. Peor aún, se paran frente a la puerta y no dejan entrar, y al hacerlo ni siquiera ellos entran. La falta de testimonio cristiano es lo que hace esto y cuando ese cristiano es un sacerdote, un obispo o un Papa es aún peor.

Pero, ¿cómo es que un cristiano cae en esta actitud de puerta cerrada con la llave en el bolsillo? La fe pasa, por así decirlo, a través de un alambique y se convierte en ideología. Y la ideología no convoca. En las ideologías no está Jesús: ni su ternura, su amor y mansedumbre. Y las ideologías son rígidas, siempre. De cada signo: rigidez.

Cuando un cristiano se convierte en un discípulo de la ideología, ha perdido la fe: ya no es un discípulo de Jesús, es discípulo de este tipo de pensamiento… Y por eso Jesús les dice: “Ustedes se han llevado la llave del conocimiento”. El conocimiento de Jesús se transforma en un conocimiento ideológico e incluso moralista, porque estos cerraron la puerta con una gran cantidad de reglas.

La fe se convierte en ideología y la ideología asusta, la ideología expulsa lejos a la gente, aleja a la gente y aleja a la Iglesia de la gente. Pero se trata de una enfermedad grave esto de los cristianos ideologizados. Es una enfermedad, pero no es nueva, ¿no? Incluso el apóstol Juan, en su primera Carta, habló de esto. Los cristianos que han perdido su fe y prefieren las ideologías. Su actitud es: volverse rígidos, moralistas, especialistas en ética, pero sin bondad.

La pregunta podría ser esta, ¿no?: ¿Por qué un cristiano puede llegar a ser así? ¿Qué sucede en el corazón de aquel cristiano, de ese presbítero, de ese papa, que se vuelve así? Solo hay una explicación: aquel cristiano no ora. Y si no hay oración, siempre cerrarás la puerta.

La llave que abre la puerta a la fe es la oración. Cuando un cristiano no ora, sucede aquello. Y su testimonio es un testimonio altivo. El que no ora es un soberbio, es un orgulloso, es un seguro de sí mismo. No es humilde. Busca su propia promoción. En cambio cuando un cristiano ora, no se aparta de la fe, habla con Jesús. Además, cuando digo orar, no digo decir oraciones, porque estos maestros de la ley decían muchas oraciones para dejarse ver. En cambio, Jesús dice: “Cuando ores, entra en tu habitación y ora al Padre en secreto, de corazón a corazón. Una cosa es orar y otra es decir oraciones“.

[…] Pidamos al Señor la gracia, primero: de no dejar de orar, para no perder la fe, y de permanecer humildes. Y así no nos volveremos personas cerradas, que cierran el camino hacia el Señor. (Homilía en Santa Marta, 17 de octubre de 2013)

Diálogo con Jesús

Jesús mío, cuánto amor has revelado a mi corazón mostrándome cada día todas las bendiciones y las cosas con que me has provisto durante mi camino de vida. Tú has reparado mis fuerzas y me has conducido por caminos seguros. Quiero abrirme hoy a tu voluntad, a pisar firme sobre la roca de tu Palabra y luchar con valentía en esta batalla espiritual que tiene mi alma contra todas esas supuestas “maravillas” que ofrece el mundo. Tú me ofreces una puerta para seguir tus pasos. No es una puerta sencilla de atravesar, pues debo dejar que mi alma sea conducida por aquello que Tú deseas y no por aquellas pasiones que me gobiernan. Ayúdame a no deslumbrarme con las fascinaciones terrenales y abrir puertas que nada tienen que ver con tu amor. Quiero ser leal a tus mandamientos aunque muchos se aparten de mí por ello. Sé que Tú permanecerás a mi lado. Derrama tu misericordia sobre y dame el impulso para salir adelante, a levantarme cuando caigo, a despreciar mis fallas y corregir mis defectos, a levantarme en victoria y huir de toda vanidad y deseos de sobresalir que cierran el corazón. Tú me has dicho que es esforzándome cómo lograré construir escalones hacia tu Reino, es por ello que te pido que me des fortaleza para no dejarme arropar por la pereza y no sucumbir ante una falsa comodidad. Ven y oriéntame en mi camino. Aunque me cueste, aunque libre mil batallas en mi interior y el mundo se me haga pequeño, iré siempre en tu dirección. Tengo la certeza de que todo lo puedo en Ti, de que soy un vencedor a tu lado y de que me das la fuerza para poder superar cualquier obstáculo. Confío en Ti. Amén

Propósito para hoy:

Hoy, trabajaré con alegría y esperanza, confiando en que Dios me protege, me ama y me provee de todo lo que necesito

Reflexionemos juntos esta frase:

“En las familias, es normal hacerse cargo de quien lo necesita. No tengan miedo a la fragilidad”. (Papa Francisco)

Evangelio del día: Ser capaces de ver el rostro de Dios en los débiles

Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.

 

Evangelio según San Mateo 22,34-40

La parábola del banquete nupcial: “Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?” Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Jesús, citando el Libro del Deuteronomio, responde: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento».

Jesús habría podido detenerse aquí. En cambio Jesús agrega algo que no había sido preguntado por el doctor de la ley. De hecho dice: «El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Este segundo mandamientotampoco lo inventa Jesús, sino que lo retoma del Libro del Levítico. Su novedad consiste justamente en el juntar estos dos mandamientos – el amor por Dios y el amor por el prójimo – revelando que son inseparables y complementarios, son las dos caras de una misma medalla.

No se puede amar a Dios sin amar al prójimo y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios… En efecto, la señal visible que el cristiano puede mostrar para testimoniar el amor de Dios al mundo y a los demás, a su familia, es el amor por los hermanos.

El mandamiento del amor a Dios y al prójimo es el primero no porque está encima del elenco de los mandamientos. Jesús no lo coloca en el vértice, sino al centro, porque es el corazón desde el cual debe partir todo y hacia donde todo debe regresar y servir de referencia.

Ya en el Antiguo Testamento la exigencia de ser santos, a imagen de Dios que es santo, comprendía también el deber de ocuparse de las personas más débiles como el forastero, el huérfano, la viuda… A este punto, a la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. No podemos separar más la vida religiosa, de piedad, del servicio a los hermanos, de aquellos hermanos concretos que encontramos.

No podemos dividir más la oración, el encuentro con Dios en los Sacramentos, de la escucha del otro, de la cercanía a su vida, especialmente a sus heridas. Acuérdense de esto: el amor es la medida de la fe. Tú ¿cuánto amas?…

Jesús abre un claro que permite ver dos rostros: el rostro del Padre y aquel del hermano… Y deberiamos preguntarnos, cuando encontramos a uno de estos hermanos, si somos capaces de reconocer el rostro de Cristo en él: ¿somos capaces de esto?

[…] Jesús nos dona el Espíritu Santo, que nos permite amar a Dios y al prójimo como Él, con corazón libre y generoso. (Reflexión antes del rezo del ángelus, 12 de octubre de 2014)

Diálogo con Jesús

Señor mío, cierra todas las heridas que hay en mi corazón que no me dejan ser capaz de salir y servirte con pasión y entrega. Sólo Tú sabes cómo impulsarme a la tarea de darme a los demás con espíritu generoso. De ninguna manera es posible que yo diga que te ame sino demuestro este amor con el prójimo, con el necesitado, con el anciano abandonado, con aquel indigente que no tiene para comer ¡Me convertiría en un mentiroso si así lo hiciese! Tú me has enseñado que es amando a mis hermanos como puedo lograr amarte verdaderamente a Ti. No puedo separar la caridad hacia con el prójimo de la gracia santificante de tu amor. Dame, Dios mío, el don de tener ese amor generoso hacia los demás, quiero hacerlo por Ti y para Ti. Dame de tu fuerza para no dejarme vencer por las dificultades que me quieran trabar en esta misión. Abro mi corazón para que tus rayos de luz, provenientes de tus sagradas llagas, lo inunden con tu amor y lo recargues con la fuente inagotable de tu compasión, porque de este modo es que podré llevar vida a donde no la haya. Pasa tu mano sanadora sobre mí para que todo sentimiento de odio, ira, rencor y egoísmo sea desterrado de mi mente, corazón, alma y espíritu y poder recobrar la armonía entre mis proyectos y los tuyos. Líbrame de mis propias inseguridades. Que pueda ver mis propios errores para así corregirme bajo la Ley de tu Palabra y poder así caminar seguro y confiado. Todo te lo debo, por eso todo te lo entrego. Bendice mis planes, mi vida y mis acciones para que todo yo pueda irradiarte sólo a Ti. Amén

Propósito para hoy:

Ser especialmente generoso en la ofrenda de la próxima Santa Misa de la que participaré

Reflexionemos juntos esta frase:

“La Confirmación es importante para el cristiano; nos da fuerzas para defender la fe y anunciar el Evangelio con entusiasmo”. (Papa Francisco)

Liturgia / Evangelio del día Evangelio del día: Muchos serán los llamados, pero pocos los elegidos

Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales.

Evangelio según San Mateo 22,1-14

La parábola del banquete nupcial: “En aquel tiempo Jesús les habló otra vez en parábolas a sus discípulos, diciendo: “El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas”. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?” El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: “Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Jesús nos habla de la respuesta que se da a la invitación de Dios – representado por un rey – a participar en un banquete de bodas.

La invitación tiene tres características: la gratuidad, la extensión, la universalidad.

1.- La gratuidad: Los invitados son tantos, pero sucede algo sorprendente: ninguno de los elegidos acepta participar de la fiesta, dicen que tienen otras cosas que hacer; es más, algunos muestran indiferencia, extrañeza, incluso fastidio.

Dios es bueno con nosotros, nos ofrece gratuitamente su amistad, nos ofrece gratuitamente su alegría, la salvación, pero muchas veces no recibimos sus dones, ponemos en primer lugar nuestras preocupaciones materiales, nuestros intereses, y también cuando el Señor nos llama, a nuestro corazón, tantas veces parece que nos molestara.

2.- La extensión: Algunos invitados incluso maltratan y matan a los servidores que les entregan las invitaciones. Pero, a pesar de las adhesiones que faltan por parte de quienes fueron llamados, el plan de Dios no se interrumpe. Frente a la negativa de los primeros invitados, Él no pierde el ánimo, no suspende la fiesta, sino que vuelve a proponer la invitación extendiéndola; extendiéndola más allá de todo límite razonable y envía a sus siervos a las plazas y a los cruces de las calles a reunir a todos aquellos que encuentran. Se trata de gente común, pobres, abandonados y desheredados, incluso buenos y malos, – ¡también los malos son invitados! – sin distinción. Y el salón se llena de “excluidos”. El Evangelio, rechazado por alguno, encuentra una acogida inesperada en muchos otros corazones.

3.- La universalidad: La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por ello el banquete de los dones del Señor es universal. ¡Es universal para todos! A todos es dada la posibilidad de responder a su invitación, a su llamada; nadie tiene el derecho de sentirse privilegiado o de reivindicar la exclusividad. Todo esto nos lleva a vencer la costumbre de posicionarnos cómodamente en el centro, como hacían los jefes de los sacerdotes y los fariseos. Esto no se debe hacer: nosotros debemos abrirnos a las periferias, reconociendo que también quien está en los márgenes, incluso aquél que es rechazado y despreciado por la sociedad, es objeto de la generosidad de Dios. Todos estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a los confines de la “iglesita”, de nuestra iglesia pequeñita. Esto no sirve. Estamos llamados ampliar la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios.

Sólo hay una condición: ponerse el traje de fiesta. Es decir testimoniar la caridad concreta a Dios y al prójimo. (Reflexión antes del rezo del ángelus, 12 de octubre de 2014)

Diálogo con Jesús

Mi Jesús, me siento plenamente confiado sabiendo que tu presencia me acompaña y que me confortas el alma porque con tu poder y tu amor me haces creer que de verdad soy alguien valioso para Ti. Tú haces que mi corazón se levante lleno de gozo, de esperanza y ánimo, lo consuelas y lo instruyes bajo la luz de tu Palabra para hacerme caminar tranquilo y sin miedo a través de los caminos por lo que me vas llevando. Tú nos ofreces un nuevo esquema de vida, ayudarnos unos a otros en nuestra salvación. Todos hemos sido invitados a tu banquete de bodas, tanto buenos como malos, depende de mí, ver con que traje de fiesta me presentaré. Quiero vestirme con el traje de las obras de misericordia y de bondad y no con aquel traje manchado por la avaricia, los egoísmos, la corrupción y el maltrato que pude haber dado a los demás. Tú no quieres que ninguno se pierda y que ninguno de tus hijos tome malos caminos, pero has dado a cada uno libertad de decisión, libertad para asistir o no a tu gran banquete celestial. Pongo en tus manos a toda mi familia, sobre todo a aquellos que te rechazan y me duele ver cómo te desprecian sabiendo yo el sinfín de riquezas que Tú nos prometes a quienes te amamos y seguimos con verdad y justicia. Dame fortaleza, Señor mío, para presentarme ante tu Señorío siempre con el vestido de la humildad y de la caridad. Regálame un corazón solidario con los necesitados y dispuesto a entregarse por servirte en cada uno de ellos. Amén

Propósito para hoy:

Ofreceré hoy una decena de Avemarías pidiendo por mi propia conversión y para eliminar de mi vocabulario esas palabras obscenas que tanto alejan al Espíritu Santo.

Reflexionemos juntos esta frase:

“Aprendamos de Jesús a rezar, a perdonar, a sembrar la paz, y a estar cerca de los necesitados”. (Papa Francisco)

Lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano

Evangelio del día: El perdón es la puerta hacia la reconciliación.

Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1

Siempre debemos perdonar: “En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. Entonces Jesús le dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda. Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: “Págame lo que me debes”. El compañero se le arrodilló y le rogaba: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda. Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contarle al Rey lo sucedido.. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Te perdoné toda aquella porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” El señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara lo que debía. Lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano. Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán”. Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco:

Pedro pregunta al Señor: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar?¿Hasta siete veces?». Y el Señor le responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Estas palabras son centrales en el mensaje de reconciliación y de paz de Jesús.

Obedientes a su mandamiento, pedimos cada día a nuestro Padre del cielo que nos perdone nuestros pecados «como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden». Si no estuviésemos dispuestos a hacerlo, ¿cómo podríamos rezar sinceramente por la paz y la reconciliación?

Jesús nos pide que creamos que el perdón es la puerta que conduce a la reconciliación. Diciéndonos que perdonemos a nuestros hermanos sin reservas, nos pide algo totalmente radical, pero también nos da la gracia para hacerlo. Lo que desde un punto de vista humano parece imposible, irrealizable y, quizás, hasta inaceptable, Jesús lo hace posible y fructífero mediante la fuerza infinita de su cruz. La cruz de Cristo revela el poder de Dios que supera toda división, sana cualquier herida y restablece los lazos originarios del amor fraterno.

[…] Tengan confianza en la fuerza de la cruz de Cristo. Reciban su gracia reconciliadora en sus corazones y compártanla con los demás. Les pido que den un testimonio convincente del mensaje reconciliador de Cristo en sus casas, en sus comunidades y en todos los ámbitos de la vida nacional. Espero que, en espíritu de amistad y colaboración con otros cristianos, con los seguidores de otras religiones y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad… sean levadura del Reino de Dios en esta tierra. De este modo, nuestras oraciones por la paz y la reconciliación llegarán a Dios desde más puros corazones y, por un don de su gracia, alcanzarán aquel precioso bien que todos deseamos.

Recemos para que surjan nuevas oportunidades de diálogo, de encuentro, para que se superen las diferencias, para que, con generosidad constante, se preste asistencia humanitaria a cuantos pasan necesidad…

Queridos hermanos y hermanas, Dios nos llama a volver a él y a escuchar su voz, y nos promete establecer sobre la tierra una paz y una prosperidad incluso mayor de la que conocieron nuestros antepasados.(Homilía en Santa Marta, 18 de agosto de 2014)

Diálogo con Jesús

Mi buen Señor, dejo que mi corazón se abra a tu presencia y que ingrese a él toda palabra consoladora que tu Santo Espíritu quiera decirme y enseñarme a lo largo de este día a través de cosas, momentos o personas. Quiero ser un verdadero discípulo tuyo, pero, ¿cómo puedo considerarme ser siervo tuyo si a veces, por culpa de mi falta de paciencia, trato cruel y humillo a mis semejantes, cuando Tú has sido compasivo y generoso conmigo? Tú miras las profundidades de mi alma y conoces a fondo lo que llevo dentro, por eso, quiero que apartes de mí todos esos sentimientos de soberbia los cuales no me permiten actuar con amor y misericordia. Enséñame a amar, ya que es el amor el que me hará comprender lo que significa el perdón. Enséñame a ver las situaciones dolorosas y tensas desde tu perspectiva, buscando siempre la comprensión y la reconciliación. Enséñame a seguirte sin mirar los errores y a tener la seguridad de que siempre encontraré en Ti una fuente de perdón que ayuda a sanar mis heridas y salir renovado a luchar contra toda adversidad que se me presente. Sé que me amas y me perdonas todo, es por ello que necesito de tu presencia para estar dispuesto a vencer todos esos sentimientos que me atan a situaciones de rencor y de dolor. Acudo en este momento a tu inmenso poder, para que, con tu gracia, y con la sabiduría del Espíritu Santo, pueda verme libre de todo mal. Acompáñame en cada cosa que haga por los demás, para saber así, amar y perdonarlos como Tú me lo pides. Amén

Propósito de hoy:

En tu almuerzo, sea en tu trabajo o en tu casa, habla sólo de las cosas buenas que nos ha dado Dios.

Reflexionemos juntos esta frase:

“A veces estamos tristes a causa de nuestros pecados. No nos desanimemos: Cristo ha venido a liberarnos. Él es nuestra paz”. (Papa Francisco)

 

Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, dará fruto

Evangelio del día: 3 hermosos regalos que podemos ofrecer a los demás.

Evangelio según San Juan 12,24-26

El grano de trigo debe morir para poder dar fruto: “Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se perderá; y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Jesús usa una imagen sencilla y sugestiva, aquella del “grano de trigo” que caído en la tierra, muere para dar fruto.

En esta imagen encontramos otro aspecto de la Cruz de Cristo: el de la fecundidad. La cruz de Cristo es fecunda. La muerte de Jesús, de hecho, es una fuente inagotable de vida nueva, porque lleva en sí la fuerza regeneradora del amor de Dios. Inmersos en este amor por el Bautismo, los cristianos pueden convertirse en “granos de trigo” y dar mucho fruto, si al igual que Jesús, pierden la propia vida por amor a Dios y a los hermanos

Por esta razón, a aquellos que aún hoy “quieren ver a Jesús”, a los que están en la búsqueda del rostro de Dios; a quien ha recibido una catequesis cuando era pequeño y luego no la ha profundizado más y quizás ha perdido la fe; a tantos que aún no han encontrado a Jesús personalmente… a todas estas personas podemos ofrecerles tres cosas: el Evangelio; el Crucifijo y el testimonio de nuestra fe, pobre pero sincera.

  • El Evangelio: ahí podemos encontrar a Jesús, escucharlo, conocerlo.
  • El Crucifijo: signo del amor de Jesús que se entregó por nosotros.
  • La fe que se traduce en gestos simples de caridad fraterna.

Pero principalmente en la coherencia de vida: entre lo que decimos y lo que vivimos, coherencia entre nuestra fe y nuestra vida, entre nuestras palabras y nuestras acciones.

Evangelio, Crucifijo y testimonio. Que la Virgen nos ayude a llevar estas tres cosas. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 22 de marzo de 2015)

Diálogo con Jesús

Dios mío, Señor salvador de mi alma, de Ti provienen todas las bendiciones que tengo en mi vida, mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi apostolado, mis proyectos de vida siento que puedo realizarlos sólo con tu ayuda y apoyo. No puedo quedarme con los talentos que me has dado sin darte los frutos de estas bendiciones. No quiero vivir apegado a mis logros personales, porque bien me has dicho que si me apego a ellos puedo hasta perder mi vida. Ayúdame con tu infinita sabiduría, a darles un uso correcto, a responderte como buen administrador, por eso necesito de Ti, de tu gracia y de tu luz que orienta y pone firme mi esperanza y le da color a mis sueños. Abre bien mis ojos, Señor, siento que de un momento a otro mis deseos de alcanzar muchos éxitos pueden nublar mi visión y pueda terminar llamando a los bueno malo y a lo malo bueno. Ven y toca mi corazón, haz que arda de pasión por Ti, sopla tu aliento de vida sobre mí para que restaure mi vida y pueda descubrir el verdadero propósito de mi existencia: alcanzar una felicidad que esté alineada a tus caminos. Creo en Ti, en que me has concedido el Espíritu Santo para fortalecerme y afrontar con valor todo reto y profesarte con pasión y verdad en cada acto de que realice, porque ellos deben ser un reflejo de tu amor. Pongo todo de mí en tus manos y me dejo conducir por tu amor para que llenes de paz mi corazón y comprenda que Tú eres lo más importante en la vida. En tu Santo Nombre me lanzo a conquistar corazones para Ti y tenga en mi cesta de vida el mejor de los frutos para cuando me llames a tu presencia. Amén

Propósito para hoy:

Rezaré un Padrenuestro pidiendo por esos vecinos que andan inmersos en la murmuración. También cuidaré mi lengua y que yo no sea uno de ellos.

Reflexionemos juntos esta frase:

“No me imagino un cristiano que no sea capaz de sonreír. Demos testimonio gozoso de nuestra fe” (Papa Francisco)

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