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¡Llamad a la puerta! Quien llama a la puerta hace ruido, incomoda, molesta ¡Reza a Dios siempre!

Evangelio del día: Molestar a Dios con la oración. ¡Ora, suplica, insiste!

Evangelio según San Mateo 9,27-31

La curación de dos ciegos: En aquel tiempo, cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: “Ten piedad de nosotros, Hijo de David”. Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron, y él les preguntó: “¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?” Ellos le respondieron: “Sí, Señor”. Jesús les tocó los ojos, diciendo: “Que suceda como ustedes han creído”. Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: “¡Cuidado! Que nadie lo sepa”. Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

La oración es un grito que no teme molestar a Dios, hacer ruido, como cuando se llama a una puerta con insistencia. He aquí, el significado de la oración dirigida al Señor con espíritu de verdad y con la seguridad de que Él puede escucharla de verdad.

Los ciegos, que seguían al Señor, gritaban para ser curados. También el ciego a la entrada de Jericó gritaba y los amigos del Señor querían hacerle callar. Pero ese hombre pidió una gracia al Señor y la pidió gritando, como diciendo a Jesús: «¡Hazlo! ¡Yo tengo derecho a que tú hagas esto!».

El grito es aquí un signo de la oración. Jesús mismo, cuando enseñaba a rezar, decía que se hiciera como un amigo inoportuno que, a medianoche, iba a pedir un trozo de pan y un poco de pasta para los huéspedes». O bien hacerlo como la viuda con el juez corrupto.

En esencia, hacerlo – diría yo – molestando. No lo sé, tal vez esto suena mal, pero rezar es un poco como molestar a Dios para que nos escuche.

Es el Señor mismo quien lo dice, sugiriendo rezar como el amigo a medianoche, como la viuda al juez. Por lo tanto, rezar es atraer los ojos, atraer el corazón de Dios hacia nosotros. Y eso es precisamente lo que hicieron también los leprosos del Evangelio, que se acercaron a Jesús para decirle: «Si tú quieres, puedes curarnos». Y lo hicieron con una cierta seguridad.

Así, Jesús nos enseña a rezar. Nosotros, habitualmente presentamos al Señor nuestra petición una, dos o tres veces, pero no con mucha fuerza: y luego me canso de pedirlo y me olvido de pedirlo. En cambio, los ciegos de los que habla Mateo en el pasaje evangélico gritaban y no se cansaban de gritar.

Jesús nos dice: ¡pedid! Pero también nos dice: ¡llamad a la puerta! Y quien llama a la puerta hace ruido, incomoda, molesta. Precisamente éstas son las palabras que Jesús usa para decirnos cómo debemos rezar. Pero éste es también el modo de oración de los necesitados que vemos en el Evangelio.

Así, los ciegos se sienten seguros de pedir al Señor la salud, de tal manera que el Señor pregunta: «¿Creéis que yo puedo hacer esto?». Y le responden: «Sí, Señor. ¡Creemos! ¡Estamos seguros!». He aquí, las dos actitudes de la oración: «es expresión de una necesidad y es segura».

La oración es necesaria siempre. La oración, cuando pedimos algo, es expresión de una necesidad: necesito esto, escúchame Señor. Además, cuando es auténtica, es segura: escúchame, creo que tú puedes hacerlo, porque tú lo has prometido.

La auténtica oración cristiana está cimentada en la promesa de Dios. Él lo ha prometido. Recordemos las palabras de Isaías (29,17-21): “Oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos”. Este pasaje, es una promesa. Todo esto es una promesa, la promesa de la salvación: “yo estaré contigo, yo te daré la salvación”. Y es con esta seguridad que nosotros decimos al Señor nuestras necesidades. Pero seguros de que Él puede hacerlo.

Cuando rezamos, es el Señor mismo quien nos pregunta: “¿Tú crees que yo pueda hacer esto?”. Un interrogante del que brota la pregunta que cada uno debe hacerse a sí mismo: “¿Estoy seguro de que Él puede hacerlo? ¿O rezo un poco pero no sé si Él lo puede hacer?”. La respuesta es que Él puede hacerlo, incluso el cuándo y el cómo lo hará no lo sabemos. Precisamente ésta es la seguridad de la oración. (Homilía en Santa Marta, 06 de diciembre de 2013)

Oración de Sanación

Señor mío, gracias por el amor que derramas sobre mí cada día, por todas las bendiciones que hoy me concederás y por cada una de las manifestaciones de amor que pondrás en mi camino para hacerme feliz

Quiero hoy, y desde este momento, reconocerme ciego ante tu presencia, porque muchas veces no me doy cuenta de todas esas actuaciones en mi vida y de todas las bendiciones con las que me has provisto. Ayúdame a reconocer bien esas cegueras que no me permiten ver con claridad tu deseo de amor en mi vida. Libérame de toda actitud egoísta que tenga dominada mi corazón y que me hace incapaz de verte y sentirte

Necesito del poder de se encuentra en tu Palabra y en tu amor, ese amor que me ilumina los caminos y desintegra cualquier vestigio de oscuridad, dándome fuerza y seguridad para salir adelante. Me reconozco débil, limitado, inseguro, eso forma parte de mi fragilidad humana; pero contigo, puedo ser un vencedor, un luchador, Tú me has hecho un hijo del Dios altísimo y eso me invita a permanecer firme ante los retos de la vida.

Confío en el poder de oración, en el poder de tu promesa: “llama y se te abrirá”, por eso, ruego a tu compasión con insistencia para que tu Gracia y tu Amor vengan a mí y hagan conmigo lo que Tú mejor creas conveniente.

Ten compasión de mí, libera mi alma de la ceguera espiritual y de toda avaricia terrenal que no me permite amarte con todo mi corazón. Tú eres el Señor de todo, el Dios de la historia y de la vida, el que todo lo puede y todo lo ha dado por amor. Ven a mí vida, dale la paz a mi alma y levántame con tu poder. Amén

Propósito para hoy

Dejar a un lado el rencor y el dolor y acercarse a esa persona con la que he estado molesto durante un buen tiempo.

Frase de reflexión:

“¡Qué importante es el trabajo: para la dignidad humana, para formar una familia, para la paz!” Papa Francisco

Evangelio del día: ¿Dónde está tu esperanza? ¿Cuál es tu Roca?

No son los que me dicen, «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos.

Evangelio según San Mateo 7,21.24-27

La casa sobre la roca: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No son los que me dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande” Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

Existen cristianos de apariencia solamente: personas que se maquillan de cristianos y en el momento de la prueba tienen solamente el maquillaje. Y sabemos qué sucede a una mujer maquillada cuando va por la calle y comienza a llover y no tiene paraguas: todo se cae, las apariencias caen por los suelos.

La del maquillaje, por lo demás, es una tentación. Por ello no es suficiente decir «soy cristiano, Señor» para serlo verdaderamente. Es Jesús mismo quien dice que no basta repetir «¡Señor! ¡Señor!» para entrar en su reino. Se necesita cumplir la voluntad del Padre y poner en práctica la Palabra. He aquí, por lo tanto, la diferencia entre el cristiano coherente y el cristiano sólo de apariencia.

Por lo demás, es claro cómo nos ama el Señor. Ante todo, un cristiano de vida está fundado sobre la roca. Por lo demás, Pablo lo dice claramente cuando habla del agua que salía de la roca en el desierto: la roca era Cristo, la roca es Cristo.

Por lo tanto, lo único que cuenta es estar fundado solamente en la persona de Jesús, en el seguimiento de Jesús, por el camino de Jesús.

Muchas veces me encontré con gente no mala, gente buena, pero que es víctima de esta manía de la cristiandad de las apariencias. Gente que de sí misma dice «soy de una familia muy católica; soy miembro de esa asociación y también bienhechor de aquella otra».

Pero, la verdadera pregunta que hay que plantear a estas personas es: «dime, ¿tu vida está fundada en Jesús? ¿Dónde está tu esperanza? ¿en esa roca o en estas pertenencias?».

Por eso la importancia de estar fundado sobre la roca. Por lo demás, hemos visto a muchos cristianos de apariencias que caen ante la primera tentación, o sea, ante la lluvia. En efecto, cuando los ríos se desbordan, cuando los vientos soplan -las tentaciones y las pruebas de la vida- un cristiano de apariencia cae, porque allí no hay fundamento, no hay roca, no está Cristo.

Por otro lado, en cambio, están los numerosos santos que tenemos en el pueblo de Dios -no necesariamente canonizados, pero santos- muchos hombres y mujeres que realizan su vida en Cristo, que ponen en práctica los mandamientos, ponen en práctica el amor de Jesús. ¡Muchos! (Homilía en Santa Marta, 4 de diciembre de 2014)

Oración de Sanación

Mi buen Jesús, te doy gracias porque cada día, en el que siento tu presencia, es una clara invitación a transformar mi vida en acciones que reflejen tu generosidad en perdón y tu compasión. Tengo que ser coherente con mi vida de fe. No puedo llamarme cristiano si me desentiendo de los hermanos que atraviesan dificultades y momentos de necesidad. Ayúdame a ser testigo de tu poder y de tu amor

Es fácil decir “Señor, Señor”, pero hacer tu voluntad como la hizo tu Santa Madre y tus amados discípulos, ¡eso sí que cuesta! No permitas que mis miedos no me hagan asumir la responsabilidad de difundir la gloria de tu Reino

Tú conoces mis debilidades y todas mis preocupaciones. Por eso, dame la gracia para ser fuerte en este camino. Cuento con tu bendición que me edifica y hace que viva mi vida centrada en esa Roca sólida que eres Tú. Quiero decirte ese ¡Sí! Definitivo, ese ¡Sí! que abrirá mi conciencia para buscar siempre la santidad y responderte con amor en toda situación. Prepara mi alma para la prueba y haz que mis manos sean fuertes en el combate

Ayúdame a entender que debo trabajar duro por lo que quiero y más aún si deseo participar de las maravillas de tu Reino. Blíndame con tu amor para que, bajo ninguna circunstancia, haga aquello que no te agrada

Que el timón de mi vida, sea tomado por la fuerza del Espíritu Santo y haga que mi rumbo permanezca fijo hacia tu esperanza y tus consuelos. Limpia este corazón vagabundo de las malas emociones, transformándolo en uno limpio y puro que te ame con entrega, pasión y servicio. Amén

Propósito para hoy:

En tu almuerzo, sea en tu trabajo o en tu casa, habla sólo de las cosas buenas que nos ha dado Dios.

Frase de reflexión:

“Quien se dice cristiano no puede permanecer indiferente a las necesidades de los demás”. Papa Francisco

Y arrastradas las barcas a la tierra, dejaron todo: ¡barcas, redes, todo! Y lo siguieron

Evangelio del día: Estar dispuesto a dejar algo para seguir al Señor.

Evangelio según San Mateo 4,18-22

¿Qué implica Seguir a Jesús?: En aquel tiempo, mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres”. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

En el caso de los Apóstoles el Señor pasó por su vida con un milagro. Pero no siempre Jesús pasa ante nosotros o dentro de nosotros con un milagro, y sin embargo se hace sentir siempre.

Cuando el Señor viene a nuestra vida, cuando pasa por nuestro corazón, siempre te dice una palabra y también esta promesa: “¡Ve adelante… ánimo, no temas, porque tú harás esto!”.

Es una invitación a la misión, una invitación a seguirlo a Él. Y cuando sentimos este segundo momento, vemos que hay algo en nuestra vida que no va, que debemos corregir y lo dejamos, con generosidad.

O incluso si hay en nuestra vida algo bueno, pero el Señor nos inspira a dejarlo, para seguirlo más de cerca, como ha sucedido aquí: estos han dejado todo, dice el Evangelio.

“Y arrastradas las barcas a la tierra, dejaron todo: ¡barcas, redes, todo! Y lo siguieron”.

Sin embargo, Jesús no pide que se deje todo por un fin que permanece oscuro a quien ha elegido seguirlo. Al contrario, el objetivo es declarado inmediatamente y es un objetivo dinámico.

Jesús jamás dice «¡Sígueme!», sin decir la misión. ¡No! «Sígueme y yo te haré esto». «Sígueme, para esto». «Si tú quieres ser perfecto, deja y sigue para ser perfecto». Siempre la misión.

Nosotros vamos por el camino de Jesús para hacer algo. No es un espectáculo ir por el camino de Jesús. Vamos detrás de Él, para hacer algo: es la misión.

Promesa, petición, misión. Estos tres momentos no tienen que ver sólo con la vida activa, sino también con la oración. Mientras tanto una oración sin una palabra de Jesús y sin confianza, sin promesa, no es una buena oración.

Segundo, es bueno pedir a Cristo estar listos a dejar algo y esto predispone al tercer momento, porque no hay oración en la que Jesús no inspire algo que hacer.

Es una verdadera oración cristiana sentir al Señor con su Palabra de consuelo, de paz y de promesa; tener el valor de despojarnos de algo que nos impide ir rápidamente en su seguimiento y tomar la misión.

Esto no quiere decir que después no haya tentaciones. ¡Habrá tantas! Pero, mira, Pedro pecó gravemente, renegando a Jesús, pero después el Señor lo perdonó. Santiago y Juan… pecaron de afán de hacer carrera, queriendo ir más alto, pero el Señor los perdonó. (Homilía en Santa Marta, 05 de septiembre de 2013)

Oración de Sanación

Señor mío, gracias por cuidar de mi familia, por darnos el pan de cada día, salud y bienestar, pero sobre todo gracias por amarme, por darme la oportunidad de servirte y por confiar en mí

Cuando iniciaste tu misión pusiste tu atención a una pareja de hermanos muy trabajadores, quienes al escuchar tu llamado, lo dejaron todo para seguirte, sin miedo a todo aquello que dejaría atrás. Como quisiera también yo acudir a tu llamado como ellos, abandonar cualquier distracción y apegos terrenales y darlo todo por tu amor,  por conocerte mejor, por amarte y seguir tus pasos

Ayúdame a saber dejar las cosas que me impiden dar respuestas adecuadas, a tener mejores decisiones de vida, a optar por todo lo bueno que Tú me traes, a realizarme a través de tu camino de esperanza. Quiero dejar esas redes que me tienen como prisionero de mis propios miedos, dificultando mi camino de conversión y que no me dejan actuar con libertad para cooperar mejor en la construcción de tu reino.

Ven e inspírame con tu amor, lléname todo de Ti y de tu presencia poderosa. Disipa esas fragilidades que mantienen mi corazón y mente nublados y dame la valentía para que, unido a Ti, salga a conquistar corazones y proclamar tu esperanza

Ven a mi vida, limpia y sana mi interior de todo aquello que no me permite escuchar tu llamado, dar la batalla y alcanzar la paz. Quiero renovar mi fidelidad en Ti, permanecer en tu gracia, actuar decididamente para realizar mis proyectos según tu Voluntad. Amén

Propósito para hoy

Invocaré a mi Santa Madre para que me alcance la gracia de la fortaleza en la sequedad espiritual y tiempos difíciles.

Frase de reflexión:

“Ayudemos a los demás a descubrir la alegría del mensaje cristiano: un mensaje de amor y de misericordia”. Papa Francisco

Evangelio del día: El amor de Dios te libera de tristezas y vacíos

La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.

 

Evangelio según San Lucas 10,21-24

Se ha revelado el Evangelio a los humildes: En aquel tiempo, Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: “¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo, dirigiéndose al Padre y glorificándolo. Este momento de profunda alegría brota del amor profundo de Jesús en cuanto Hijo hacia su Padre, Señor del cielo y de la tierra, el cual ha ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las ha revelado a los pequeños.

Dios ha escondido y ha revelado, y en esta oración de alabanza se destaca sobre todo el revelar.

¿Qué es lo que Dios ha revelado y ocultado? Los misterios de su Reino, el afirmarse del señorío divino en Jesús y la victoria sobre Satanás.

Dios ha escondido todo a aquellos que están demasiado llenos de sí mismos y pretenden saberlo ya todo. Están cegados por su propia presunción y no dejan espacio a Dios.

Uno puede pensar fácilmente en algunos de los contemporáneos de Jesús, que Él mismo amonestó en varias ocasiones, pero se trata de un peligro que siempre ha existido, y que nos afecta también a nosotros.

En cambio, los “pequeños” son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, a los que Jesús ha llamado “benditos”.

[…] “Sí, Padre, porque así te ha parecido bien”. Las palabras de Jesús deben entenderse con referencia a su júbilo interior, donde la benevolencia indica un plan salvífico y benevolente del Padre hacia los hombres.

[…] Jesús, al ver el éxito de la misión de sus discípulos y por tanto su alegría, se regocija en el Espíritu Santo y se dirige a su Padre en oración. En ambos casos, se trata de una alegría por la salvación que se realiza, porque el amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros, y por obra del Espíritu Santo, nos envuelve, nos hace entrar en la vida de la Trinidad.

El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo es su manifestación, y el Espíritu Santo, el animador. Inmediatamente después de alabar al Padre, Jesús nos invita:

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera» .

La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. (Mensaje del Papa la Jornada Mundial de las Misiones 2014)

Oración de Sanación

Mi Señor, Tú has llenado mi corazón de esperanza desde aquel día que me comprometí a servirte y a dar la batalla por ganarme tu Reino en este mundo que me presenta valores contrarios a los tuyos. Te doy gracias porque además me has llenado de tantos dones que a veces hasta paso desapercibido, y por todo aquello que has sembrado en mi vida que me ha permitido ser feliz

Gracias por tu amor y por descubrirte en cada gesto sencillo de mi vida, por regalarme tu presencia en todo momento y por estar a mi lado haciéndome sentir que soy amado y afortunado de contar con tu poder y tu gracia.

Quiero vivir con sencillez, humildad y gratitud, para ello, cuento con tu guía y las inspiraciones del Espíritu Santo para no apartarme de tu camino y cuando siento que no me alcanzan las fuerzas para seguir

Líbrame de la trampa del egocentrismo, de la soberbia y el orgullo, quienes son los enemigos más mortíferos que pueden invadir a mi alma.  Aparta de mi mente todo pensamiento de desánimo que me haga sentir que todo está perdido. Quiero darte lo mejor de mí en cada acción que realice, en cada situación de vida, en cada palabra y gesto que dirija a mis semejantes. Quítame, Señor mío, toda sensación de angustia y dolor, de miedo e inseguridad.

Estoy en tus manos, Tú me proteges, confío en tu amor y en que tus santos ángeles me muestran el camino para seguir adelante con sabiduría y serenidad. Gracias por amarme y por acompañarme todos los días manifestándome lo valioso que soy para Ti. Te amo y confío en tu providencia. Amén

Propósito para hoy

Compraré o prepararé un almuerzo o merienda para una persona en condición de calle y le daré la bendición al entregárselo

Frase de reflexión:

“En la cruz de Jesús se puede ver toda la fuerza del mal, pero también toda la omnipotencia de la misericordia de Dios”. Papa Francisco

Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta con una palabra tuya

Evangelio del día: Dios renueva el corazón, el alma, la vida, la esperanza.

Evangelio según San Mateo 8,5-11

Jesús sana por compasión: “En aquel tiempo, cuando Jesús entró en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole: “Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente”. Jesús le dijo: “Yo mismo iré a curarlo”. Pero el centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: ‘Ve’, él va, y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘Tienes que hacer esto’, él lo hace”. Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos””. Palabra del Señor

Reflexión del Papa Francisco

El Señor, en la palabra que hemos escuchado, se maravilló de este centurión: se maravilló de la fe que él tenía. Había emprendido un camino para encontrar al Señor, pero lo había hecho con fe.

Por esto no solamente él ha encontrado al Señor, sino que ha sentido la alegría de ser encontrado por el Señor.

Este es precisamente el encuentro que queremos: ¡el encuentro de la fe!”.

Y más que ser nosotros los que encontramos al Señor, es importante dejarse encontrar por Él.

Cuando solamente somos nosotros los que encontramos al Señor, somos nosotros -entre comillas, digámoslo- los dueños de este encuentro; pero cuando nos dejamos encontrar por Él, es Él que entra dentro de nosotros, es Él que renueva todo, porque ésta es la venida, aquello que significa cuando viene Cristo: renovar todo, renovar el corazón, el alma, la vida, la esperanza, el camino.

¡Nosotros estamos en camino con fe, con la fe de este centurión, para encontrar al Señor y principalmente para dejarnos encontrar por Él!

Tener un corazón abierto.

¡Un corazón abierto, para que Él me encuentre! Y me diga aquello que Él quiera decirme, que no siempre es aquello que yo quiero que me diga! Él es el Señor y Él me dirá lo que tiene para mí, porque el Señor no nos mira a todos juntos, como a una masa. ¡No, no!

El Señor nos mira a cada uno en la cara, a los ojos, porque el amor no es un amor así, abstracto: ¡es amor concreto! De persona a persona: El Señor, persona, me mira a mí, persona.

Dejarse encontrar por el Señor es justamente esto: ¡dejarse amar por el Señor!. (Homilía en Santa Marta, 02 de diciembre de 2013)

Oración de Sanación

Mi Señor, quiero llegar a comprender ese inmenso amor con el que me amas y me perdonas. En tu Palabra siempre encuentro grandes lecciones de fe que me dejan admirado por tu grandeza y tu sencillez. Permite que este servidor, pueda ser un instrumento tuyo, para que los demás, y sobre todos los míos, experimenten esa bondad y gracia que tienes para cada uno de nosotros.

Como aquel centurión que no pidió nada para sí mismo, sino que intercedió por su siervo, así también quiero interceder yo por aquellos que quiero y a quienes veo que sufren día a día aflicciones y penas.

Dame Señor, firmeza y fe en mis acciones para mostrar a otros el rostro de tu amor, transformar sus vidas según tu misericordia y que se conviertan en fieles seguidores de tu mensaje de salvación.

Dame la fuerza, Jesús mío, para ser un testigo de tus milagros, para hacerte presente en las situaciones de cada día. Si hay algo que puedo hacer siempre por los demás es orar, interceder por ellos.

Dios de amor y de ternura, Tú muestras tu amor por los enfermos y desvalidos, los sanas y les das nuevas fuerzas. Así yo también te necesito para sanar mis heridas y para que me ayude a mantenerme firme en mis luchas.

Confiado en esto, te pido por mi familia, sobre todo por aquellos integrantes que aún tienen ese corazón duro y no te aman lo suficiente como para acercarse a Ti. Sánalos de su dureza, ten compasión de mí que he sufrido insultos y rechazos de ellos por tratar de acercarlos a Ti. Amén

Propósito para hoy:

“Poner más atención a la lengua, en relación a lo que decimos de los demás. Es una pequeña penitencia pero da buenos resultados.”

Frase de reflexión:

“En la familia se aprende a amar y a reconocer la dignidad de todas las personas, especialmente a las más débiles”. Papa Francisco

Cuidar el Reino de Dios que está dentro de nosotros con la oración y adoración

Evangelio del día: El día que venga Jesús, lo hará como el relámpago.

Evangelio según San Lucas 21,29-33

La parábola de la higuera: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta comparación: “Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca. Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

El Reino de Dios es silencioso, crece dentro. Lo hace crecer el Espíritu Santo con nuestra disponibilidad, en nuestra tierra, que nosotros debemos preparar.

Después, también para el Reino llegará el momento de la manifestación de la fuerza, pero será sólo al final de los tiempos.

El día que hará rumor, lo hará como el rayo, chispeando, que se desliza de un lado al otro del cielo. Así será el Hijo del hombre en su día, el día que hará rumor.

Y cuando uno piensa en la perseverancia de tantos cristianos, que llevan adelante su familia, hombres, mujeres, que se ocupan de sus hijos, cuidan a los abuelos y llegan a fin de mes sólo con medio euro, pero rezan. Ahí está el Reino de Dios, escondido, en esa santidad de la vida cotidiana, esa santidad de todos los días.

Porque el Reino de Dios no está lejos de nosotros, ¡está cerca! Ésta es una de sus características: cercanía de todos los días.

También cuando describe su venida en una manifestación de gloria y de poder, Jesús añade inmediatamente que antes es necesario que Él sufra mucho y sea rechazado por esta generación.

Lo que quiere decir que también el sufrimiento, la cruz, la cruz cotidiana de la vida, la cruz del trabajo, de la familia, de llevar adelante bien las cosas, esta pequeña cruz cotidiana es parte del Reino de Dios.

Pidamos al Señor la gracia de cuidar el Reino de Dios que está dentro de nosotros con la oración, la adoración y el servicio de la caridad, silenciosamente. (Homilía en Santa Marta, 15 de noviembre de 2014)

Oración de Sanación

Mi Señor, gracias por aceptar la invitación de quedarte en mi vida y sanar mi corazón con tu perdón. Gracias por la alegría nueva con la que has colmado este corazón abatido de tantos problemas. Te doy gracias, Dios creador, por todas las bendiciones que generosamente has derramado en mi vida, especialmente por aquellas que me han fortalecido en medio de la crisis y dificultades.

Mi Dios, Tú me invitas a elevar una mirada de esperanza al Cielo y esperar confiado la hora de tu llegada, la llegada de esa liberación total de las ataduras del mundo y del sufrimiento para siempre. Quiero abandonarme a tu amor, transmitir al mundo tus valores y darles esperanzas a todos de que tu Reino está cerca, dentro de nosotros. Porque todas las cosas de este mundo pasaran, cielo y la tierra pasarán, pero tus palabras ¡jamás pasarán!

Creo en tu Palabra y me fío de ella, porque son palabras de vida eterna. Lejos de asustarme aquel día en que te reveles con gran poderío impartiendo tu justicia, me animas porque sé que se acerca el momento del encuentro contigo.

Tú eres el amigo que jamás defrauda, el amigo que echa fuera toda tristeza, el amigo que purificará mi corazón para amarle y alabarle junto con los ángeles del Cielo cuando te esté contemplado en la eternidad.

Sana de mi vida todo sentimiento de derrota. Háblame al corazón y dame la confianza que necesito para seguir creciendo la fe y la verdad. Que nada ni nadie pueda robarme la paz ni desviarme del verdadero camino que Tú me has señalado y que me llevará a la paz de tu Gloria celestial.

Propósito para hoy

Durante el día de hoy, buscar un pequeño espacio para la oración y decir: “Señor, yo creo. Aumenta mi fe”

Frase de reflexión:

“Una fe fuerte y saludable se alimenta constantemente de la Palabra de Dios”. Papa Francisco

Comprometerse en observancia de la Palabra de Dios con perseverancia hasta el final

Evangelio del día: En las pruebas, la violencia es derrotada por el amor.

Evangelio según San Lucas 21,12-19

Las promesas de Dios a los que permanecen fieles: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí. Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa, porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán. Serán odiados por todos a causa de mi Nombre. Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza, porque el que persevere hasta el final, se salvará” Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco

Serán odiados. El Evangelio de esta fiesta recuerda una parte de las palabras de Jesús a sus discípulos en el momento en que los envía en misión. Dice, entre otras cosas:

“Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10,22).

Estas palabras del Señor, nos hacen comprender que en las pruebas aceptadas a causa de la fe, la violencia es derrotada por el amor, la muerte por la vida.

Hay que dar testimonio de Jesús en la humildad, en el servicio silencioso, sin miedo a ir contracorriente y pagar en persona. Y, si no todos están llamados, como san Esteban, a derramar su propia sangre, a todo cristiano se le pide sin embargo que sea coherente, en cada circunstancia, con la fe que profesa.

Coherencia. Es la coherencia cristiana, es una gracia que debemos pedir al Señor: ser coherentes, vivir como cristianos. Y no decir soy cristiano y vivir como pagano. La coherencia es una gracia que hay que pedir hoy.

Seguir el Evangelio es ciertamente un camino exigente, pero ¡bello, bellísimo!, el que lo recorre con fidelidad y valentía recibe el don prometido por el Señor a los hombres y a las mujeres de buena voluntad. Como cantan los ángeles el día de Navidad: ¡paz, paz!

Esta paz donada por Dios es capaz de apaciguar la conciencia de todos los que, a través de las pruebas de la vida, saben acoger la Palabra de Dios y se comprometen en observarla con perseverancia hasta el final.

Hoy, hermanos y hermanas, oremos, en particular, por cuantos son discriminados, perseguidos y asesinados por su testimonio de Cristo.

Recemos también para que, gracias al sacrificio de estos mártires de hoy, son tantos, tantísimos, se fortalezca en todo el mundo el compromiso para reconocer y asegurar concretamente la libertad religiosa, que es un derecho inalienable de toda persona humana. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 30 de diciembre de 2014)

Oración de Sanación

Mi Señor, en este momento voy ante Ti para decirte que eres el Señor y Rey de mi vida y confío en que, con tu sabiduría divina, podrás indicarme los caminos a seguir para permanecer unido a tu voluntad

Quiero agradecerte por tanta bendición y por todo lo bueno que haces en mi vida. Contigo a mi lado sé que puedo confiar en salir airoso de las circunstancias más duras procurando siempre ampararme bajo tus sacramentos. Quiero ser perseverante hasta el final, recorrer todos los senderos de este mundo contando con tu asistencia paternal que me auxilia y protege en los momentos de debilidad.

Pongo todos mis proyectos y sueños en tus manos misericordiosas, las cuales me ofrecen seguridad, esperanza y consuelo. Mi lucha no es en vano si voy tomado de tu mano, si siento que tus fuerzas no me abandonan

Quiero sentirte a mi lado, en lo profundo de mi corazón, observar tu Palabra y enraizarla en todo mi ser, porque tu Palabra es fortaleza, la que inspira cada una de mis acciones y me sostiene.

Aunque sufra mil y una persecuciones o cientos de rechazos a causa de tu Nombre, no temeré ningún mal, pues tus promesas son más fuertes que cualquier tormenta que quiera azotar a mi alma y separarla de tu amor.

Tú, amado mío, eres al mismo tiempo mi fuerza y debilidad, mi guerra y mi paz, mis alegría y penas, mi felicidad y sufrimiento, mi camino hacia la libertad. Ven Señor, despierta mis sentidos con nuevas fuerzas para seguir luchando por mi felicidad y pasar de la muerte a la vida, por el océano infinito de tu Amor. Amén

Propósito para hoy

Ayunar hoy, de palabras duras, críticas negativas, que siembran discordia y tienden a juzgar o condenar a los demás

Frase de reflexión:

“Queridos jóvenes, no tengan miedo del matrimonio: Cristo acompaña con su gracia a los esposos que permanecen unidos a él” (Papa Francisco)

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